El dopaje en el ciclismo virtual ya está aquí, cómo no

Facebooktwitterpinterestlinkedinmail

Watopia Screenshots
Leía hace unos días el caso de Brad Dixon, un consultor en seguridad informática, que en una conferencia había explicado cómo era capaz de trampear los datos que enviaba a Zwift para ganar sin esfuerzo alguno una prueba de ciclismo virtual. A día de hoy es más que evidente que las formas virtuales de práctica deportiva, eso que Andy Miah llama deporte 2.0, están ganando popularidad. Y como quiera que la tecnología adquiere un papel protagonista, ya se sabe: el incentivo para crackear los sistemas emerge con fuerza. ¿La razón? No creo que haya que buscar otras diferentes de las que imperan en el mundo de la ciberdelincuencia. La lista es larga y seguirá aumentando.

Me temo que la ambición de ganar una competición añade un extra de motivación, por supuesto. Pero no hay que olvidar la tentación de demostrar que los sistemas virtuales que se venden tienen vulnerabilidades. Cuando decía que la práctica de deporte virtual está en auge no hay más que echar un vistazo, por ejemplo, al Movistar Virtual Cycling. Es un claro intento de impulsar nuevas fórmulas interactivas en las que la competición frente a los demás es básica para adquirir la motivación suficiente. Eso sí, todavía se ofrece la posibilidad de acudir a pruebas «de verdad», con encuentros presenciales. Es decir, que se combina la propuesta de competición online y offline.

Buena parte de la culpa de que proliferen estas propuestas la tienen los modernos estilos de vida en los que no hay mucho tiempo para salir ahí fuera a pedalear por donde uno quisiera. El mal tiempo, el tráfico o cualquier otra razón justifican la opción B. Metido en el salón de tu casa y provisto de la tecnología adecuada –sea con Bkool en el caso del Movistar Virtual Cycling o con la plataforma Zwift– podrás disfrutar de una experiencia casi real. Y si ya de paso puedes ganar, mejor que mejor. Este es el caldo de cultivo para trampear el sistema.

En el fondo la mezcla de rodillos «inteligentes» (BKool o Zwift) que te permiten rodar por lugares clonados de la realidad junto a competiciones adecuadamente promocionadas (la de Movistar, por ejemplo) y algún sistema de recogida de datos que permita la comparación (Strava es quien marca la pauta) conforman el escenario perfecto. Brad Dixon ha explicado que su trampeo tenía como objetivo incentivar la mejora de los sistemas que hoy en día se ofrecen. La ciberseguridad llega, por tanto, a este tipo de plataformas porque no serán ni uno ni dos quienes anden detrás del dopaje virtual. La fama es un buen incentivo para ser el primero mientras, como decía Dixon, te vas a tomar una cerveza a la cocina.

Estoy seguro de que todavía no somos capaces de ver hasta dónde van a llegar este tipo de competiciones virtuales. Estamos en el principio del principio. El futuro que nos espera es espectacular por muy diversas razones: estilos de vida en los que las pantallas y lo digital son fundamentales, experiencias de usuario muy bien diseñadas, sentido competitivo o diversión más cómoda y sin riesgo. Mientras, las trampas, como en el deporte de verdad, caminarán en paralelo. ¿O nos creemos todos los datos que aparecen en Strava?

La imagen es de George Williams en Flickr.

twitterlinkedinrssyoutubeinstagramflickr

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *